Angkor Wat, Camboya: Lo mágico es eterno

En 1860, un explorador y científico francés llamado Henri Mouhot viajó a través de la densa jungla de Camboya. Además de ser un viajero, Mouhot fue un erudito naturalista. Trabajó para la Real Sociedad Geográfica de Gran Bretaña y para la Sociedad Zoológica de Londres. Estos colectivos le habían enviado al sudeste de Asia a explorar y recoger muestras de plantas locales.

Esta región, cubierta de espesas selvas, rica en plantas y animales, incluía la actual Tailandia (antes conocida como Siam), Laos y Vietnam. En 1860 llegó a la pequeña nación de Camboya.

Mientras Mouhot viajaba por Camboya, durante una etapa repleta de calor y humedad, seguramente trastornado por sonidos de insectos y animales, alcanzó el sueño de todo explorador: el descubrimiento de un envidiable tesoro. Se especula que se encontró con esta riqueza en pos de una mariposa.

Ahí estaban,  los restos de una gran ciudad. La mayoría de las construcciones yacían en ruinas, pero, un templo gigante todavía permanecía alto e imponente: Angkor Wat.

La visión era de inconmensurables dimensiones y de una belleza misteriosa. El conjunto arquitectónico de Angkor, construido según las indicaciones de la mitología hindú y cuyo valor arqueológico es comparable al de construcciones egipcias, mayas e incas es Patrimonio de la humanidad desde 1992 y tiene unas dimensiones de casi 300 km2. Tiene cinco enormes torres de piedra que surgen de la jungla hacia el cielo, esconde más de 100 templos incomparables, cientos de esculturas e incontables bajo relieves.

Además, Angkor fue la capital del reino de Camboya entre, aproximadamente, los siglos IX y XV, el apogeo del poderoso imperio jemer.

La fuerza que ejerce Angkor sobre los viajeros es estrictamente responsabilidad del vehemente Mouhot. Siendo objetivos, él no lo descubrió, ya que los camboyanos la conocieron siempre, y, de hecho, en el siglo XVI, Angkor Wat fue reconvertido en  monasterio budista,  aunque nunca podremos negar la influencia de este personaje tan importante en la historia arqueológica europea. Gracias, pues al señor Mouhot el grupo de viajeros que compartan nuestro viaje a Vietnam y Camboya en septiembre de 2018 podrán disfrutar de una de las mejores experiencias de sus vidas: adentrarse en el mágico laberinto de Angor Wat.

Hemos querido ilustrar este post, rindiendo homenaje a este altivo monumento,  con una muestra de la entrada principal a Angkor Wat poco después de su redescubrimiento. Las plantas de la jungla se amontonabn en la carretera principal y cubrían muchas estatuas y pequeñas estructuras. La imagen apareció en un libro de 1873 sobre las exploraciones francesas en el sudeste de Asia

Fue el libro póstumo de Mouhot Voyage dans les royaumes de Siam, de Cambodge et de Laos, el primero en advertir al mundo occidental que lo que observaron allí, en Indochina, estaba a la altura de la escultura y la pintura de Miguel Ángel.

Ya en el siglo XIX, un impresionado Guy de Portalès, dejó unas palabras para la posteridad: “Tengo ante mí, no sólo una capital vacía, sino 700 años sin memorias. Y el más atroz fenómeno de la muerte: el silencio”. Con este silencio el autor hacía honor a la decadencia política que pudo traer muerte a tal magnífica civilización. Su centro, la ciudad sagrada de Angkor, deja patente la belleza sin igual de un lugar que mezcla divinidad y humildad terrenal, algo mágico, algo eterno.

Solo queda pues, contemplarlo, vivirlo, apreciarlo, sentirlo.

Alberto y Eugenio

PERIPLOS, la magia de viajar

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Publicado en: Blog, Literatura viajera

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