Historias de Japón: El último samurai (Parte III)

Pero ¿dónde queda Ken Watanabe, el actor que interpretó a Katsumoto, el gran último samurái de la película? Bien, lo que nos interesa son los  personajes históricos, más allá de la película. ¿Recordáis que antes hemos mencionado a los Ishin Shishi, gente de origen noble defensores de la monarquía centralista Meiji y opositores al feudalismo del shogunato?

Pues bien, Saigo Takamori, el verdadero último samurái, era uno de los terratenientes del Ishin Shishi que derrocó al shogun. Fue uno de los más críticos opositores a la revolución pacífica, y demandó que los Tokugawa, el clan del último shogún, fueran expropiados de sus tierras y de su estatus especial. Su posición inamovible fue unas de las principales causas de la propia guerra Boshin. Es más, durante esta guerra, lideró las fuerzas imperiales en la Batalla de Toba-Fushimi, y posteriormente las lideró sobre Edo, derrotando a las fuerzas del shogunato (seguramente entre ellos a Brunet y a sus compañeros). Ayudó a traer la modernidad a Japón, su clan obtuvo mucho poder como recompensa a sus esfuerzos y muchos de sus integrantes pasaron a ser miembros del nuevo gobierno Meiji. Es curioso que, el mismo protagonista de la película que intenta luchar contra la decadencia y a favor de la tradición enfrentándose a todo el imperio, en la historia real sea uno de los mayores ejecutores de este plan, aunque podemos decir a su favor que la historia no terminó tal cual empezó.

Takamori (sentado en uniforme occidental), rodeado por sus oficiales, en atuendo samurai.

Takamori era partidario de declarar la guerra a Corea con el fin de anexionar este país antes que lo hicieran los países occidentales. Su mayor argumento era que Corea se negaba a aceptar al Emperador Meiji como jefe de estado del Imperio de Japón. Incluso estuvo dispuesto a ir a Corea y provocar, a propósito, un casus belli, de manera tal que los coreanos no tuvieran más opción que asesinarlo (prácticamente, una provocación suicida para provocar una guerra). También tenía otras razones ya que sus hombres, que habían sido educados como guerreros, se encontraron con un país unificado, sin nada ni nadie a quien combatir, con el modo de vida samurái condenado a perecer y sin saber que hacer. Los miembros del gobierno se opusieron férreamente a esta idea (además es importante decir que el gobierno del emperador, como se puede apreciar en la película, estaba negociando y abriéndose al mundo occidental, cuestión que tampoco gustó especialmente al terrateniente), por lo que Takamori, frustrado, renunció al gobierno en señal de protesta y decidió regresar a Kagoshima.

Fue aquí donde decidió fundar una academia, para educar y entrenar militarmente a los habitantes de la zona y donde muchos de los descontentos con la situación del país nipón, como otros samuráis que renunciaron a su posición en el gobierno, decidieron refugiarse. Este hecho produjo ciertas sospechas por parte de las autoridades de Tokio, y temiendo una rebelión, el gobierno Meiji decide enviar barcos de guerra a Kagoshima, con el fin de eliminar las armas en la región. Además, se eliminaron las remuneraciones en arroz a los samuráis y provocó un conflicto abierto entre el gobierno y los samuráis.

Finalmente, Takamori aceptó el liderazgo de los rebeldes contra el gobierno central, conocido como la Rebelión Satsuma. Esta rebelión fue derrotada a los pocos meses por el Ejército Imperial Japonés, que combinó una fuerza de 300 mil samuráis leales al gobierno y soldados reclutados bajo el comando de Kawamura Sumiyoshi. Estas tropas estaban modernizadas, usaban morteros y globos de observación. En cambio, las de Satsuma rondaban incialmente los 40 mil hombres, quedando reducido sólo a 400 al final de la guerra en la Batalla de Shiroyama. A pesar de que las fuerzas de Satsuma, como en la película, pretendían preservar el papel de los samuráis, usaron métodos militares occidentales, armas de fuego y cañones; incluso en las descripciones de Takamori se le veía vestido con uniforme militar occidental.

Al final de la rebelión, cuando se agotaron las municiones y las armas modernas, debieron atacar con espadas, arcos y flechas. En esta batalla, Takamori quedó gravamente herido, y al no querer ser capturado o asesinado por el enemigo, En la batalla de Shiroyama, Takamori quedó gravemente herido, y al no querer ser capturado o asesinado por el enemigo, pidió a un compañero que lo decapitara, para preservar su honor como samurái. Otra leyenda sugiere que Saigō había cometido el seppuku, una forma tradicional de suicidio; pero la autopsia y los documentos históricos de la época niegan este hecho. La muerte de Takamori derivó en el fin de la rebelión y la supresión definitiva de la clase samurái en Japón, que había dominado el país desde el siglo XII. También existieron leyendas que negaban la muerte de Saigō Takamori, los japoneses creían que se había escapado a la India, a China o a Rusi y que volvería para vengarse del gobierno. En reconocimiento por su labor como samurái y su ayuda con el pueblo japonés, el gobierno Meiji lo perdonó de manera póstuma el22 de febrero de 1889.En1898el gobierno erigió una estatua de bronce en el parque Ueno, en Tokio; en ese monumento está vestido de forma tradicional, paseando a su perro. También se le erigió otra estatua, vestido con uniforme militar, en el Parque Chūō de Kagoshima.

Fin de la Parte III y del artículo completo

Alberto y Eugenio

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Publicado en: Blog

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