La aventura del español Pedro Páez en su PERIPLO a Etiopía (Primera Parte)

Amigos viajeros, nos hemos sumergido en la lectura del libro de Javier Reverte sobre la figura de Páez y su aventura por distintas partes del globo (y en Etiopía) y nos ha parecido muy interesante su historia, la de un insigne periplero. Queremos compartirla con todos a modo de “minifolletín” dividiéndola en tres partes. Disfrutadla mientras llegan las fechas de nuestro viaje a Etiopía,  periplo que como sabéis tenemos preparado para hacerlo el próximo mes de octubre de 2018. ¡Ya podéis hacer vuestra reserva!

Pedro Páez fue un jesuita y misionero español con una capacidad intelectual y una determinación que le permitió convencer a buena parte del imperio etíope para que abrazara el catolicismo (desgraciadamente para él, durante sólo unos años) y abandonaran la iglesia copta de Alejandría.

Sus hazañas “hipotecaron” más de la mitad de la vida de Páez, que vivió inmerso en múltiples periplos hasta finalmente tener la posibilidad, inconscientemente, de visitar las fuentes del Nilo Azul, gesta que comentamos recientemente. 

Pedro Páez ingresó en la Compañía de Jesús 26 años después de la muerte de su fundador Ignacio de Loyola, atesorando en su carácter todas las virtudes de la orden: espiritualidad, valor, disciplina, pasión por los periplosy la aventura, interés científico, increíbles dotes intelectuales y pedagógicas y una férrea determinación por cumplir aquello que se proponía. Además, otras cualidades que marcaron la diferencia entre él y sus “hermanos” fueron la flexibilidad extrema, su capacidad de convicción y su don de gentes, el sentido idóneo para la diplomacia y la política que siempre poseyó, una capacidad increíble para el aprendizaje de idiomas (llegó a dominar a la perfección el español, el portugués, el latín, el persa, el árabe, el turco, el amárico y el ge’ez, la lengua utilizada para textos religiosos y sagrados en Etiopía, con la misma utilidad que el latín en Europa) en una época en la que no existían milagrosos cursos de idiomas  de aprendizaje o profesores especialistas de enseñanza express. Todos los historiadores y escritores destacan que si Ignacio, su fundador, hubiese vivido en la época central de la vida de Pedro Páez y hubiese observado su talento y cualidades, lo hubiese traído de vuelta a Europa y le hubiese dado un puesto acorde a sus capacidades, las cuales permitieron cumplir en muy poco tiempo lo que en medio siglo los jesuitas no consiguieron en Etiopía. Aunque también es de admirar que, éste se hubiera negado por su pasión por la aventura y por su estilo de vida, buscando los caminos más duros y humillantes en nombre de  Dios. Algunas palabras referidas a esto que Paez tantas veces repitió a lo largo de su vida y que quedaron presentes en los anales de la historia: “Cuanto más trabajosa y difícil sea la misión, con mayor contento y alegría la acepto”.

Pedro Páez inició su viaje cuando aún no se había ordenado sacerdote, reclamando para sí mismo cualquier misión al extranjero que le permitiera encaminarse en una aventura religiosa para hacer lo que tanto deseaba, servir a la Compañía de Jesús en nombre del Señor. Eligió uno de los lugares más complejos y peligrosos de la época. Después del primer tercio del siglo XVI, la navegación por las costas de África, de Arabia y la India se convirtieron para los cristianos en una odisea, los turcos irrumpieron en las aguas del océano, llegando a controlar a mediados de la centuria muchos puertos en el mar Rojo y una parte del territorio y del litoral de la península Arábiga, sometiendo a su gobierno a los sultanes locales. En los tiempos de Páez, el índico era un mar de guerra y de pillaje, lo que terminó convirtiendo un viaje de entre 1 y 2 años de duración para alcanzar Etiopía, en uno que duró casi 15 años.

Consiguió llegar a Goa, en la India, junto con otro jesuita, pero en su intento de alcanzar Etiopía, les sucedió lo mismo que a otros muchos europeos y jesuitas que surcaban los mares, fueron secuestrados por los turcos (otros muchos eran llevados a los sultanes y ejecutados, así que contaron con suerte). Durante más de 7 años vivieron múltiples calvarios,  semanas eternas en prisiones turcas, viajes cruzando desiertos como el de Hadramaut (siendo el primer europeo en cruzarlo con la exactitud que describió posteriomente en su libro Historia de Etiopía) y buena parte de los desiertos de Yemen, durmiendo rodeados de excrementos de animales en medio del desierto y siendo en uno de estos viajes cuando tuvieron que conocer al sultán que los había comprado, invitándoles éste a câhua, lo que antiguamente se conocía como café. Se convirtieron estos dos misioneros en los primeros europeos en probarlo, o al menos, en dar constancia de ello. Durante otro tiempo fueron galeotes y sufrieron múltiples enfermedades que eventualmente les permitió descansar e ir a lugares más amenos, dentro de lo que cabe, para recuperarse de sus enfermedades y continuar con sus pesares. Fue en estos años cuando Páez aprovechó para aprender árabe y turco, lo cual consiguió en un tiempo record teniendo en cuenta las condiciones en las que vivían. Finalmente llegó a la Corona la noticia de que dos misioneros jesuitas estaban vivos y cautivos, pagando por ellos para recuperarlos.

Finalmente y tras más de 7 años, pudieron regresar a Goa, donde su compañero, el experimentado Antonio Montserrat que tenía la misma misión que Páez, murió agotado a causa de las grandes penalidades de su cautiverio. Páez, mas joven y fuerte, permaneció convaleciente cerca de 8 meses en la India, y cuando este tiempo terminó, estaba más convencido que nunca de que debía seguir intentando alcanzar Etiopía a pesar de las grandes penas sufridas. Fueron sus superiores quienes le pidieron que volviera por su gran labor y paciencia al haber sufrido tanto tiempo de su vida a la esclavitud y al cautiverio, pero Páez había vivido una situación que le templó su carácter, durmió el fuego de su impaciencia y renovó su energía y su voluntad.

A todas sus virtudes anteriores ahora añadiríamos la prudencia, sabiendo mucho más sobre la vida que la mayoría de hombres de su edad. Quizá por eso, por su mucha sabiduría, era un hombre humilde y llano que, salvo a su Dios, a casi nada daba importancia, y menos todavía a sí mismo. Y ahora podemos imaginar al Pedro Páez que regresó como un gran aventurero, y que, como uno de ellos, nunca pensó que lo era ni presumió jamás de sus logros y hazañas. Y como escribió posteriormente Henry Thoreau, “El héroe es normalmente el más sencillo de los hombres”, valorando y admirando nosotros, peripleros, tal voluntad y pasión por la aventura.

Fin de la primera parte

Bibliografía:

“Dios, el Diablo y La Aventura” Javier Reverte

Editorial Random House Mondadori  (2016)

Historia de Etiopía”  Pedro Páez

Fundación El Legado Andalusí (2009)

Alberto y Eugenio

PERIPLOS la magia de viajar

 

 

Publicado en: Blog, Literatura viajera

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