La aventura del español Pedro Páez en su PERIPLO a Etiopía (Segunda Parte)

Continuamos el relato del PERIPLO de nuestro viajero Pedro Páez en su viaje  a Etiopía. Parte 2.

Es posible imaginar que, durante su terrible viaje, Páez le había cogido gusto a la aventura, a pesar de todos los riesgos, ya que ésta crea adicción. Como indica Javier Reverte en su libro sobre las aventuras de Páez, si un día éste hubiera llegado a leer a su paisano Cervantes, que iba a publicar Don Quijote poco después, en 1605, es más que probable que el sacerdote habría hecho suyas estas palabras de aquel loco Caballero de la Triste Figura, castellano-manchego como el propio Páez: “¿Por ventura es asunto vano o es tiempo malgastado el que se gasta en vagar por el mundo, no buscando los regalos de él, sino las asperezas por donde los buenos suben al asiento de la inmortalidad?”

Antes de viajar de nuevo a Etiopía, Páez ejerció como profesor al norte de Goa, en la India. Alli sufrió un accidente que le dejó cojo temporalmente, ya que un buey le alcanzó en una pierna con una coz en el mercado de la población, lo cual ya es mala suerte. Estuvo varios años en Diu, donde los jesuitas tenían una escuela, hasta que Melchor de Silva, un misionero que se encontraba en Etiopía, solicitó al Virrey de la India que enviara barcos con misioneros para continuar con la misión. Felipe III aceptó y enviaron a 3 jesuitas, entre ellos Pedro Páez.

Nuestro protagonista estaba ansioso por llegar allí, y las circunstancias nunca fueron favorables. Una violenta tormenta produjo grandes destrozos en los barcos, por lo que Páez decidió adelantarse en solitario haciendo uso de su don de gentes y su dominio del árabe. Haciéndose pasar por armenio, entabló amistad con un mercader turco llamado Razuam Aga, y Páez le convenció de que era realmente armenio y de que su intención era regresar a su patria. Su nuevo amigo le prometió que le llevaría hasta Suakin, desde donde podría tomar una caravana hacia Jerusalén y, una vez allí, viajar por tierra hasta su supuesto país. Páez le sugirió si sería posible que, siguiendo la ruta original, se detuvieran temporalmente en Massawa (Eritrea, país costero fronterizo con Etiopía), y haciendo uso de su ingenio, se inventó una historia de un amigo imaginario que había fallecido, del cual quería recoger sus pertenencias. Razuam no opuso resistencia y le dio unos días para que fuera y regresara, pero, como comprenderéis, nunca volvió e inició camino hacia el interior, llegando 2 meses después a Fremona, en Etiopía, el 5 de mayo de 1603 donde se encontraba la misión principal de los jesuitas. Esta vez, el prudente y seductor jesuita no dudó en mentir para alcanzar sus propósitos, llegando incluso a ocultar su fe, algo que no hizo en su primer viaje, cuando fue capturado por los turcos, lo que le costó siete años de cautiverio, y algo que tampoco hizo su compatriota Melchor Georgis, que en 1595 fue degollado por los turcos.

Páez inició su viaje en el año 1589, con 25 años, y llegó a Etiopía casi 15 años después, en el año 1603. Nosotros, en nuestro concepto actual de viaje, jamás podríamos concebir como un ser humano puede haber pasado 14 años de su vida intentando alcanzar un lugar al que nosotros, por medios aéreos e incluso marítimos, no duraríamos más que unas horas, con todas las comodidades y seguridades que disponemos actualmente. Él sabía que su vida pendía de un hilo cada mañana que se despertaba, la odisea que realizó nunca fue valorada por la historia a causa de su pasión por Dios, su religiosidad, cuando los demás personajes históricos solamente han buscado riquezas y aumentar su ego para la posteridad. Cuando Páez llegó a Fremona, apenas se sostenían en pie la casa rural y la humilde iglesia, lo que actualmente veríamos como una choza.

Debió sentir cierto desánimo al ver el cementerio donde descansaban los restos de los últimos sacerdotes católicos de Etiopía, entre ellos el último líder de la misión, Oviedo, muerto sin haber logrado apenas nada de cuanto se había propuesto hacer. Tenía por delante una increíble misión: lograr que todo un país abrazase la fe de Roma. Apenas tenía ayuda de nadie, tendría que enfrentarse por si mismo y en una lengua extranjera contra el “inculto clero local ortodoxo” que así definía en su libro y a un poder político que volvía la espalda a Occidente. Aunque, es importante decir que Pedro Páez ya no era el mismo. Ya no tenía 25 años y estaba ansioso por tantas aventuras. Había madurado a causa de las situaciones vividas y estaba preparado para enfrentarse, al fin, a aquello por lo que había esperado casi 15 años de su vida. Ahora tenía 39 años y tenía la paciencia como estandarte, un nuevo hombre había llegado a Etiopía y él, Pedro Páez, cambiaría el curso de la historia hasta la actualidad.

Fin de la segunda parte.

Continúará esta historia en una próxima tercera parte.

Bibliografía:

“Dios, el Diablo y La Aventura” Javier Reverte

Editorial Random House Mondadori  (2016)

Historia de Etiopía”  Pedro Páez

Fundación El Legado Andalusí (2009)

Alberto y Eugenio

PERIPLOS la magia de viajar

Publicado en: Blog, Literatura viajera
2 comentarios sobre “La aventura del español Pedro Páez en su PERIPLO a Etiopía (Segunda Parte)
  1. Que buen artículo Alberto, muy interesante. Gracias.

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